Thursday | April 26, 2007

LIBERTAD en 'La Casa de la Política'. Un cuento (Primera Parte)

Hace mucho mucho tiempo, un amigo mío se compró una casa. Especial es este amigo mío, tan especial que decidió que convertiría esa casa en un lugar en el que se iba a hablar de política, pero con la condición de que no hubiera norma alguna, que cada cual pudiera decir lo que le apeteciera sin cortapisas. La llamó 'La Casa de la Política' y a esa casa invitó a sus mejores amigos.Todos estuvimos muy contentos de entrar en una casa en la que pudiéramos expresarnos con total libertad, así que casi inmediatamente nos aposentamos en el amplio salón y comenzamos nuestras conversaciones.

Con el tiempo surgieron roces, incluso peleas más o menos agrias, pero mantuvimos la idea original de 'La Casa de la Política' y las desavenencias las superamos entre nosotros, incluso de vez en cuando, al dejar la casa, nos íbamos a tomar una cerveza juntos. Mi amigo no venía con nosotros, tenía tantos compromisos que poco le veíamos por allí.

Tan poco se podía preocupar de su casa que le pidió a una 'muy íntima' amiga que vigilara la casa en su ausencia, si las cañerías funcionaban bien, si se había de cambiar alguna bombilla... Aunque la chica no era amante de hablar de política pareció contenta al vernos unidos y al encontrarse con la responsabilidad de estar al tanto de la casa.

Con el transcurso de los años, la casa se hizo famosa, un lugar en el que se podía hablar de política con total libertad no era habitual en los alrededores y se corrió rápidamente el rumor. Llegaron gentes de todos lugares, gentes con diferentes inquietudes, atraídos unos por la política otros por la curiosidad de encontrar un oasis de libertad, gentes que fueron muy bienvenidas a pesar de que algunas traían en sus huidizas miradas el reflejo de oscuros pasados.

Como digo, hubo gente poco interesada en la política, así que venían a la casa, nos saludaban y se entretenían en hablar de los temas que más les apetecían. No hubo ningún problema y la casa continuó siendo 'La Casa de la Política', con sus dimes y diretes, con sus roces y sus amistades. La chica que se encargaba del cuidado de la casa rápidamente trabó amistad con esas personas menos interesadas en la política y decidió que la ayudaran a llevar la casa.

Si al principio la chica debía encargarse de los detalles que fallaban en la casa, con el paso de los meses se fue atribuyendo otras tareas. Ahora ella y sus amigas se permitían decidir en qué sala se podía hablar de política y en qué sala se podían tratar temas mas casuales, de hecho, esos temas más casuales se convirtieron en moneda habitual en la casa. La existencia de un lugar en el que se conseguía fácilmente amistades se convirtió en un reclamo para toda aquella gente que ciertamente carecía de ellas, así que la casa se llenó de más y más personas.

Y con la llegada de más gentes, poco a poco quienes hablábamos de política tuvimos que ir arrinconándonos, dejamos el gran salón, luego los pasillos... Así que al final aquellos que hablábamos de política en 'La Casa de la Política' decidimos quejarnos de lo que estaba sucediendo, pues apenas nos habían cedido ya un sitio en un rincón de la cocina para hablar de los temas que nos interesaban, de los temas que mi amigo quería que se hablara en esa casa.

De pronto, se nos grabaron las conversaciones y pasaron a ser propiedad de la 'buena' amiga de mi amigo y sus compañeras. Ante nuestra queja, nos encontramos con que un día no podíamos entrar en la casa, ¡nos habían cerrado la puerta!, y desde fuera oíamos cómo se nos culpaba de querer derruir 'La Casa de la Política', oíamos cómo nos gritaban que ahí no podía entrar quien se quejara, que las quejas quedaban fuera de la casa. Entramos por la ventana trasera que sabíamos siempre abierta, pero inmediatamente nos volvieron a echar. Todos aquellos que alzaron la voz para defendernos fueron a su vez expulsados.

Llamamos a nuestro amigo pero no cogía el teléfono, seguramente estaría en alguno de sus numerosísimos viajes alrededor del mundo. Pedimos a la 'buena' amiga de mi amigo que nos dejara entrar, que nos dejara hablar de política, pero fue inútil...

... inútil hasta que recibimos un sms de nuestro amigo, la 'buena' amiga ya no se encargaba del cuidado de la casa, la había despedido. Pudimos entrar de nuevo en la casa y escondernos en una habitación mientras oíamos los insultos que nos dedicaba la gente que estaba fuera. Nos quitaron nuestros documentos de identidad y miraron en nuestros teléfonos móviles los mensajes que habíamos enviado o recibido... Denunciamos nuevamente lo que estaba sucediendo mientras se nos seguía insultando, hasta que...

... hasta que quemaron la casa. Sí. La quemaron, prefirieron verla perdida antes de que se pudiera continuar hablando de política. En la noche veíamos las llamas subir hacia el cielo mientras fugaces figuras bailaban alrededor de la tremenda pira, la pira de nuestros sueños, de nuestras ideas, de nuestras ilusiones y conversaciones. Notábamos el olor de la madera quemada mientras escuchábamos las risas y los cánticos de aquellos que habían terminado con 'La Casa de la Política'. Tuvimos que escapar antes de que se dieran cuenta de nuestra presencia... exhaustos llegamos a una pequeña cabaña en la que pudimos por fin descansar... Alguien encendió un cigarrillo, nos ofreció y empezamos a fumar intentando tranquilizar los nervios...

Miramos a nuestro alrededor... la cabaña era pequeña, pero seguramente la podríamos acondicionar.

EgiptoVivo

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